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Revivir el Simposio 2024

QUERIDÍSIMO PAPA FRANCISCO

En nombre de todos los presentes y de quienes atienden online, le saludo y le doy las gracias de todo corazón por ser Pedro en medio de nosotros y haber aceptado la llamada de Cristo a gobernar Su Iglesia. Paz a usted, Santo Padre, y Paz al pueblo de Dios en camino. ¡La gracia del Señor sea nuestra luz y nuestra fuerza!
Un famoso teólogo dijo, medio en broma, que hay dos categorías de santos canonizados: los que la Iglesia pide a Dios que canonice y los que el Señor envía para reformarla, a quienes no se reconoce más que después de haberlos crucificado. Si de algún modo esta distinción pudiera aplicarse a los papas, usted sabe a qué categoría pertenecería.
No es casualidad que aluda a Su carisma petrino particular, Santo Padre, porque usted proviene del ambiente carismático de la Iglesia y sufre, en cierta medida, la suerte reservada a los carismas en la Iglesia, también en nuestros días. El Concilio Vaticano II ha supuesto una auténtica liberación en este ámbito y hemos visto florecer numerosos y variados carismas durante estas últimas décadas, pero la mentalidad de muchos y el derecho canónico no están todavía a la altura de este signo de los tiempos. Con lamentables consecuencias para las vocaciones.
La grave cuestión de los abusos ha provocado en la Iglesia una sana reacción de vigilancia y corrección de actitud, y debemos alegrarnos por ello. Así pues, severidad para frenar los delitos y no bajar la guardia en el compromiso por crear entornos seguros para todos. Sin embargo, a la hora de reaccionar ante este gran problema es necesario evitar generalizaciones que arrojan una sombra de sospecha sobre muchas realidades carismáticas buenas, movimientos, comunidades, asociaciones, que se miran ahora con desconfianza y se someten a múltiples controles.
Apelo a Su Santidad y a todos sus delegados para el acompañamiento de los carismas, con el fin de que haya auténticos diálogos y mecanismos de resolución serena de las divergencias en la aplicación de las nuevas y necesarias normativas. Para salvaguardar el precioso don de las vocaciones procedentes de este ámbito, es necesario evitar una aplicación inflexible de las leyes en detrimento de la diversidad de los carismas, que en ocasiones provoca incomprensión, amargura e incluso indignación.
Queridísimo Santo Padre, desde los primeros compases de esta iniciativa vocacional hace ya más de tres años, ha manifestado Usted su firme estímulo, aceptando también participar en este simposio sobre la antropología de las vocaciones, como hizo aquel febrero de 2022 en el simposio sobre el Sacerdocio. Necesitamos Su carisma petrino-ignaciano-franciscano para conducir a esta asamblea hacia los objetivos misioneros y sinodales adaptados a nuestro cambio de época. Gracias por ofrecernos una palabra de orientación y sabiduría pastoral.
Se ha escogido el tema hombre-mujer, imagen de Dios, para reflexionar sobre los fundamentos antropológicos de la vida como vocación, con la esperanza de fomentar una renovada apropiación de la verdad constitutiva de nuestra identidad humana y bautismal. Los cristianos somos conscientes de estar trayendo al mundo el testimonio de una gracia filial y fraterna destinada a todos y que queremos compartir con todos, en el Espíritu de la Declaración de Abu Dhabi y de la encíclica Fratelli tutti. Su Santidad ha hecho del tema de la fraternidad universal un camino para anunciar a Jesucristo, Hijo unigénito del Padre y, por tanto, hermano universal sin exclusión de ningún tipo. Compartimos esta opción misionera y ofrecemos nuestro humilde testimonio en entornos a veces secularizados y hostiles, pero esta situación, lejos de hacernos bajar los brazos, nos impulsa de manifestar nuestra pasión por el Evangelio.
Querido Santo Padre, bajo Su orientación pastoral iluminada y valiente, estamos aquí, en espíritu sinodal, para ser todos, junto con usted, una Iglesia de la escucha y del anuncio por nuestro mundo sediento de Paz. Escucharemos la Palabra de Dios en medio de la escucha de las problemáticas antropológicas actuales. Trataremos de sintonizar nuestra vida y cultura con la vocación a la semejanza divina que nos llega del Espíritu Santo por medio de la Palabra y el testimonio de la tradición cristiana. Invocamos la intercesión de la Madre de misericordia con el fin de que estos trabajos de investigación y comunión fomenten una nueva cultura vocacional atenta a los carismas y comprometida en su integración en la reforma sinodal y misionera de la Iglesia.

Marc Cardenal Ouellet

 

[Palabras del Santo Padre antes del discurso]
Buenos días. Pido leer, para no fatigarme tanto; todavía estoy resfriado y me cansa leer un rato. Pero quisiera subrayar una cosa: es muy importante que haya este encuentro, este encuentro entre hombres y mujeres, porque hoy el peligro más feo es la ideología de género, que anula las diferencias. He pedido que se hagan estudios sobre esta fea ideología de nuestro tiempo, que borra las diferencias y hace que todo sea lo mismo; borrar la diferencia es borrar la humanidad. En cambio, el hombre y la mujer se encuentran en una fructífera “tensión”. Recuerdo haber leído una novela de principios del siglo XX, escrita por el hijo del arzobispo de Canterbury: The Lord of the World (El Señor del Mundo). La novela habla del futurible y es profética, porque muestra esta tendencia a borrar todas las diferencias. Es interesante leerla, si tienen tiempo léanla, porque ahí están estos problemas de hoy; ha sido un profeta ese hombre.

[Lectura del discurso del Santo Padre]
¡Hermanos y hermanas!
Me alegra participar en este Congreso, promovido por el Centro de Investigación y Antropología de las Vocaciones, en el que estudiosos de diversas partes del mundo, cada uno desde su especialidad, debatirán sobre el tema «Hombre-mujer imagen de Dios. Por una antropología de las vocaciones». Saludo a todos los participantes y agradezco el cardenal Ouellet sus palabras: todavía no somos santos, pero esperamos estar siempre en camino para conseguirlo, ¡esta es la primera vocación que hemos recibido! Y gracias sobre todo porque, hace algunos años, junto con otras personas influyentes y buscando una alianza de conocimientos, creó este Centro para iniciar una investigación académica internacional destinada a comprender cada vez mejor el sentido y la importancia de las vocaciones, en la iglesia y en la sociedad.
El objetivo de esta Conferencia es, en primer lugar, considerar y valorizar la dimensión antropológica de toda vocación. Esto nos remite a una verdad elemental y fundamental, que hoy necesitamos redescubrir en toda su belleza: la vida del ser humano es vocación. No lo olvidemos: la dimensión antropológica, que subyace a toda llamada dentro de la comunidad, tiene que ver con una característica esencial del ser humano en cuanto tal: es decir, que el ser humano mismo, la persona humana, es vocación. Cada uno de nosotros, tanto en las grandes elecciones que conciernen a un estado de vida, como en las múltiples ocasiones y situaciones en las que se encarnan y toman forma, se descubre y se expresa como llamado, como persona que se realiza en la escucha y en la respuesta, compartiendo su ser y sus dones con los demás para el bien común.
Este descubrimiento nos saca del aislamiento de un yo autorreferencial y nos hace mirar a nosotros como una identidad en relación: existo y vivo en relación con quien me ha generado, con la realidad que me trasciende, con los demás y con el mundo que me rodea, en relación con el cual estoy llamado a abrazar con alegría y responsabilidad una misión específica y personal.
Esta verdad antropológica es fundamental porque responde plenamente al deseo de realización humana y de felicidad que habita en nuestros corazones. En el contexto cultural actual, a veces se tiende a olvidar u oscurecer esta realidad, con el riesgo de reducir al ser humano sólo a sus necesidades materiales o exigencias primarias, como si fuera un objeto sin conciencia ni voluntad, simplemente arrastrado por la vida como parte de un engranaje mecánico. En cambio, el hombre y la mujer han sido creados por Dios y son imagen del Creador; es decir, llevan en sí mismos un deseo de eternidad y felicidad que Dios mismo ha sembrado en su corazón y que están llamados a realizar mediante una vocación específica. Por eso habita en nosotros una sana tensión interior que nunca debemos sofocar: estamos llamados a la felicidad, a la plenitud de la vida, a algo grande a lo que Dios nos ha destinado. La vida de cada uno de nosotros, sin excluir a nadie, no es un accidente del camino; nuestro estar en el mundo no es un mero fruto del azar, sino que formamos parte de un plan de amor y estamos invitados a salir de nosotros mismos y realizarlo, para nosotros y para los demás.
Por eso, si es cierto que cada uno de nosotros tiene una misión, es decir, está llamado a ofrecer su contribución para mejorar el mundo y configurar la sociedad, siempre me gusta recordar que no se trata de una tarea externa encomendada a nuestra vida, sino de una dimensión que implica nuestra propia naturaleza, la estructura de nuestro ser hombre-mujer a imagen y semejanza de Dios. No sólo se nos ha confiado una misión, sino que todos y cada uno de nosotros somos una misión: « yo soy siempre una misión; tú eres siempre una misión; todo bautizado y bautizada es una misión. Quien ama se pone en movimiento, sale de sí mismo, es atraído y atrae, se da al otro y teje relaciones que generan vida. Para el amor de Dios nadie es inútil e insignificante. » (Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2019).
Una eminente figura intelectual y espiritual, el cardenal Newman, tiene palabras esclarecedoras al respecto. Cito algunas de ellas:” He sido creado para hacer y para ser alguien para lo que nadie más ha sido creado. Ocupo mi propio lugar en los consejos de Dios, en el mundo de Dios: un lugar que no ocupa nadie más. Poco importa que sea rico o pobre, despreciado o estimado por los hombres: Dios me conoce y me lama por mi nombre. Él me ha confiado un trabajo que no ha confiado a nadie más. Tengo mi propia misión. En algunos aspectos necesito a su intención. Y continúa: «[Dios] no me ha creado inútilmente. Haré su obra. Seré un ángel de paz, un predicador de la verdad en el lugar que me ha asignado, incluso sin yo saberlo, siempre que siga sus mandamientos y le sirva en mi vocación» (J.H. Newman, Meditazioni e preghiere, Milano 2002, 38-39).”
Hermanos y hermanas, sus investigaciones, estudios y, sobre todo, estas ocasiones de debate son tanto necesarias e importantes para que se difunda la conciencia de la vocación a la que cada ser humano está llamado por Dios, en los diferentes estados de vida y gracias a sus múltiples carismas. También son útiles para cuestionarse sobre los desafíos de hoy, sobre la actual crisis antropológica y sobre la necesaria promoción de las vocaciones humanas y cristianas. Y es importante que se desarrolle una circularidad cada vez más eficaz entre las distintas vocaciones, también gracias a su contribución, para que las obras que brotan del estado de vida laical al servicio de la sociedad y de la Iglesia, junto con el don del ministerio ordenado y de la vida consagrada, puedan contribuir a generar esperanza en un mundo sobre el que se ciernen pesadas experiencias de muerte.
Generar esta esperanza, ponerse al servicio del Reino de Dios para la construcción de un mundo abierto y fraterno es una tarea confiada a cada mujer y a cada hombre de nuestro tiempo. Gracias por su contribución en este sentido. Gracias por vuestro trabajo de estos días. Lo encomiendo al Señor en la oración, por intercesión de María, Icono de la vocación y Madre de toda vocación.
Y, por favor, no se olviden de rezar también por mí.

[Palabras del Santo Padre al final de la lectura del discurso].
Les deseo un buen trabajo. Y no tengan miedo en estos momentos tan ricos de la vida de la Iglesia. El Espíritu Santo nos pide una cosa importante: fidelidad. Pero la fidelidad está en camino, y la fidelidad nos lleva a menudo a arriesgarnos. La “fidelidad de museo” no es fidelidad. Seguir adelante con la valentía de discernir y arriesgarse a buscar la voluntad de Dios. Les deseo lo mejor. Ánimo y adelante, ¡sin perder el sentido del humor!

Puedes volver a ver el simposio completo en los idiomas originales de los ponentes o en las traducciones al inglés

 Conferencia del cardenal Ouellet – 01/03/2024
ENGLISH TRANSLATION 
Discurso del papa Francisco – 01/03/2024
ENGLISH TRANSLATION 
INTERNATIONAL SOUND – 19/02/2022
ENGLISH TRANSLATION – 19/02/2022

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