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Mensaje del papa León XIV con motivo del 10.º aniversario de la canonización de Luis y Celia Martin

Publicamos a continuación el mensaje que el papa León XIV envió a monseñor Bruno Feillet, obispo de Séez (Francia), con motivo del 10.º aniversario de la canonización de los padres de santa Teresa del Niño Jesús.

Fuente: Oficina de Prensa de la Santa Sede

Mensaje del Santo Padre

A Su Excelencia Monseñor Bruno Feillet
Obispo de Séez

Me alegra unirme a usted con el pensamiento y la oración, así como a todo el clero y al pueblo fiel reunido, mientras celebran el 10.º aniversario de la canonización de Luis y Celia Martin en los mismos lugares donde se santificaron en su vida matrimonial. Al ser el primer matrimonio canonizado como tal, este acontecimiento reviste una importancia particular, pues pone de relieve el matrimonio como camino de santidad. Entre las vocaciones a las que Dios llama a los hombres y a las mujeres, el matrimonio es una de las más nobles y elevadas. «Luis y Celia comprendieron que podían santificarse no a pesar del matrimonio, sino a través, en y por el matrimonio, y que sus nupcias debían considerarse como el punto de partida de una ascensión emprendida juntos» (Cardenal Martins, Homilía de beatificación). El santo matrimonio de Alençon es, por tanto, un modelo luminoso y entusiasmante para las almas generosas que han emprendido este camino, o que proyectan hacerlo, con el deseo sincero de llevar una vida bella y buena bajo la mirada del Señor, tanto en la alegría como en la prueba.

Deseo, pues, que este aniversario sea una ocasión para dar a conocer mejor la vida y los méritos de estos incomparables esposos y padres, para que las familias, tan queridas por el corazón de Dios, pero también a veces tan frágiles y probadas, encuentren en ellos, en toda circunstancia, el apoyo y las gracias necesarios para continuar el camino.

Luis y Celia no llevaron a cabo su voluntad de convertirse en santos y educar a sus hijos en la santidad retirándose del mundo. Asumieron los deberes de su estado en la vida ordinaria de cada día; forman parte de esa inmensa multitud de «santos de la puerta de al lado» de la que habló a menudo el papa Francisco. A los peregrinos que visitan Alençon, donde se conserva su conmovedora memoria, no les resulta difícil captar el marco concreto y cotidiano en el que vivieron los padres Martin, comprometidos con la sociedad normanda de su tiempo mediante su parroquia, sus actividades profesionales, sus obras de caridad, sus círculos de amistades y, por supuesto, su vida familiar. Sin embargo, no debemos engañarnos: aquella vida aparentemente «ordinaria» estaba habitada por una presencia verdaderamente «extraordinaria» de Dios, que era su centro absoluto. «Dios servido primero» es el lema sobre el que edificaron toda su existencia.

Este es, pues, el modelo de matrimonio que la Santa Iglesia presenta a los jóvenes que desean —quizá con cierta vacilación— lanzarse a una aventura tan hermosa: modelo de fidelidad y atención al otro; modelo de fervor y perseverancia en la fe, de educación cristiana de los hijos, de generosidad en el ejercicio de la caridad y de la justicia social; modelo también de confianza en la prueba. Pero, sobre todo, este matrimonio ejemplar da testimonio de la felicidad inefable y de la alegría profunda que Dios concede, ya aquí en la tierra y por toda la eternidad, a quienes emprenden este camino de fidelidad y fecundidad. En estos tiempos convulsos y desorientados, en los que se presentan a los jóvenes tantos contramodelos de uniones, a menudo pasajeras, individualistas y egoístas, con frutos amargos y decepcionantes, la familia tal como la quiso el Creador podría parecer anticuada y aburrida. Luis y Celia Martin demuestran que no es así: fueron felices —¡profundamente felices!— dando la vida, irradiando y transmitiendo la fe, viendo crecer y desarrollarse a sus hijas bajo la mirada del Señor. ¡Qué felicidad reunirse el domingo después de la misa alrededor de la mesa, donde Jesús es el primer invitado y comparte las alegrías, las penas, los proyectos y las esperanzas de cada uno! ¡Qué felicidad la de los momentos de oración en común, los días de fiesta y los acontecimientos familiares que marcan el paso del tiempo! Y también, ¡qué consuelo permanecer juntos en la prueba, unidos a la Cruz de Cristo cuando se presenta; y qué esperanza, finalmente, volver a encontrarse un día reunidos en la gloria del cielo!

Queridos matrimonios, los invito a perseverar valientemente en el camino que han emprendido, a veces difícil y laborioso, pero luminoso. Ante todo, pongan a Jesús en el centro de sus familias, de sus actividades y de sus decisiones. Hagan descubrir a sus hijos su amor y su ternura sin límites, y esfuércense por hacer que lo amen a su vez como Él merece. Esta es la gran lección que Luis y Celia nos ofrecen hoy y que tanto necesitan la Iglesia y el mundo. ¿Cómo habría podido Teresa amar tanto a Jesús y a María —y después transmitirnos una doctrina tan hermosa— si no lo hubiera aprendido de sus santos padres desde su más tierna infancia?

Queridas familias, las encomiendo a todas a la protección de Luis y Celia Martin y de santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. Implorando para ustedes la intercesión de la Virgen María, les imparto de corazón, así como a usted, Excelencia, y a todas las personas presentes, la Bendición Apostólica.

Vaticano, 1 de octubre de 2025,
memoria de santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz

León XIV